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jueves, 12 de enero de 2012

Hijas bastardas

Hubo una generación en los años ochenta de hijas bastardas,
padres que huían, se lanzaban al precipicio, a la bebida y al egoismo,
padres fugitivos de por vida, con libertad pagada.
Sus hijas crecieron en su ausencia, sus hijas se hicieron los hombres de la casa.
Unas disfrutaban del abandono, otras se hacia guerreros, otras se aventuraban a las oportunidades del drama,
y todas se olvidaban de ellos.
En las hijas bastardas es frecuente el sentimiento de indiferencia después de una infancia admirando la ausencia,
haciendo de la situación algo místico. Cuando se hacen mayores, adultas, mujeres o hombres, se convierte en melancolía. Fantasean y se preguntan como seria tener un padre, recuerdan su infancia y la comparan con la de sus amigos niños, sus amigos adolescentes y sus amigos adultos. También les gustaría ir al funeral de su padre. En realidad, eso es lo único que comparten las hijas bastardas.
Fue en la generación de los ochenta cuando los padres decidieron ser simplemente hombres, cuando las hijas decidieron ser simplemente bastardas.

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