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martes, 13 de noviembre de 2012

Las cosas que miro desaparecen.

Mirar los horarios y correr
correr mucho con tal de hacerlo contigo
y que corras tú también.
Mirar mi agenda y correr,
correr mucho para gastar mi tiempo contigo
y que tú lo gastes también.
Mirar, mirar los días en el calendario
para pasarlos contigo
y que los cuentes tú también.
Mirar, mirar la hora muchas veces
para perderte de vista
y que me pierdas tú también.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Pegamento

Para tu ombligo
para tu entrepierna,
tus oídos,
para tus tobillos y tus dedos,
en las fosas y en las rodillas también.
Para que andes muy pegada a tí misma,
para que los chicos no te metan nada,
para que en tu nariz no entre nada,
para que por tu boca no se caiga más la baba,
para que ni yo ni nadie puedan contarte nada.

Para que cantes mi canción

Te he escrito esta canción para que la cantes tú.


Ayer fue mejor porqué hoy se demasiado,
tus manos en los bolsillos me tienen preocupado,
ese boton perdido y esa camisa hortera,
tus tatuajes trentañeros
y mis plasticos sexuales.

Algo se rompe y no soy yo,
si me miras una vez más
no disimularé el acento y
sabrás que nunca estuve aquí
cuando hablabas de todos esos,
de todos esos momentos en los que
yo no te daba besos.



Comer mujeres.

Voy a romper las ventanas y
voy a comerte tan viva que
ni los gusanos querrán salir de
toda esa seda que hacía bella su existencia.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Pechos

No ha pasado un año
y tu y el mundo habéis cambiado.
Se erizó en noviembre
y conoció a un gato,
aprendió a dormir con sus migrañas
y decidió cantar en la ducha.
Se enganchó al café y a las responsabilidades,
renegó de su romanticismo
y se atrevió a mostrar su indiferencia.
Se miraba al espejo
y sus pechos,
sus pechos también habían cambiado.

Verte venir.

Diría que ya estoy muerta
si no fuera porqué aún puedo
elegir que recuerdo cuando,
cuando vienes y me tocas,
y me tocas porqué vienes.
Diría que ya estoy muerta.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Del amor al sexo con amor ocasional

Cientos y cientos de granos de arena bajo mis pies,
luz de gas y una sonrisa estúpida.
Se que he perdido el tiempo y no me importa,
mi imaginación siempre me lo agradece.
Las sonrisas te las puedes quedar y el tiempo que no tienes para mí,
no hace falta que me lo devuelvas.
El egoísmo que tanto te pesa y te hace estar triste,
gracias por no habérmelo dado a mí también.
Doy la vuelta y mira,
cientos de orgasmos a la espera,
cientos de besos y manos,
cientos de amores que vienen a tiempo
y despedidas de verdad, queridas y deseadas.
Nada de nada,
y eso es lo mejor de todo.
He cruzado el puente
y me siento más perfecta.
Quién lo iba a decir?



jueves, 18 de octubre de 2012

Una vez tuve un amante que vivía escondido entre mis piernas,
que aparecía en mi cama los viernes por la mañana,
cuando todo el mundo andaba atareado y yo,
dormida queriendo, queriendo le esperaba.
Una vez tuve un primer amor que me dijo cosas que ni yo sabía sobre mi,
que ni si quiera el espejo me había explicado.
Una vez me llamó guapa y me dijo que era hermosa,
que me quería más por lo que era y no eran las demás,
que me quería también con mi piel y mi carne, mis huesos y sangre.
Una vez tuve a un chico a mi lado, que me hizo el amor por tercera vez y todos los años que vinieron después, que se acercaba a mi las veces que podía, que huyó muchas otras y volvió siempre para besarme mejor.
Siempre tenía algún detalle y siempre quería ser el más amante, el más amado. Era celoso y no le importaba ponerme celosa a mi también. Siempre me recordaba que me quiso, siempre me recordaba todo lo que ahora digo. Siempre desaparecía, siempre lloraba por mí.
Él nunca quiso que nadie, nadie, nadie, le viera como yo le veía, como yo le veo.
Fue infiel a otros amores, pensó siempre en mi, y yo en él, pero como nunca le creí
nunca me dejé querer.
Se enamoró de otra y fue feliz. Cuando regresé con él me ahogó un poco, me persiguió otro poco,
me quiso un poco más, se desenamoró un poco más, se enredó todo más y yo,
creyendo que le creía, creyéndome bonita y amante, creyéndome en la línea de siempre me mantuve al mando, cerrando puertas, cerrando sus heridas, dirigiendo sus palabras y moldeando al hombre.
Una noche, de las luces y los roces en las salas de fiesta terminamos en su calle tan húmeda y oscura que agradecimos el calor del sofá.
Sólo esta vez me dijo, es sólo sexo.
Fui lista, creí en lo primero, desmentí lo segundo.
En otra ocasión, fue su empache de su otra amante lo que le dibujo en mi cama,
tan pegado, tan de espaldas, yo tan actriz y tan dormida,
el tan jadeante y yo tan desmemoriada.
Y al final, en un juego absurdo de hormonas y roles,
algo estallo y quemó el confeti,
algo condensó la tensión y tapó las fugas,
algo lo convirtió en final sublime.

Ahora; ahora que ya no soy nada,
que me he hecho a mi misma y con el espejo me amo,
algo mueve de nuevo su hambre y
mis pocas ganas de alimentar y saciar
a esa antigua yo,
a esa antigua amada,
y a ese amante pesado,
hacen que todo y nada resulte igual.

Sobre vicios tontos


El hechizo es público y elegido.
Uno sabe de sus consecuencias, de la dominación y cambio de categorías cuando entramos bajo su efecto y aún así cedemos. Es una manera de correr riesgos, de sentir miedo y experimentar la alegría cuando estos se ausentan.
Es una droga fácil, un conjuro de palabras y gestos calculados, del que somos conscientes y al que respondemos de la misma forma.
Uno sabe que es cosa de magia y voluntad, que no es perecedero y que se rompe como una burbuja de jabón, en lo más alto y cuando más grande y bonito resulta, en ese viaje hacia arriba algo le empuja hacia abajo y, por el camino, un simple roce hace que todo desaparezca.
Y nos maravillamos y nuestras bocas se abren,
-cómo ha sido? en que momento ha sucedido? no imaginaba que fuera a desvanecerse tan rápido...
se dice uno mismo y entonces,
cuando uno se dispone a mostrar tristeza por la inexistencia de lo que hacia unos segundos admiraba, justo en la mano nos quedan restos y residuos,
que con un simple soplo inician la cadena de ilusiones otra vez y una y otra burbuja surgen
de uno mismo desplazando las formas que había dibujado la otra en su corto trayecto.
Y es que los hechizos, por maravillosos e increíbles que resulten,
són sólo eso, hechizos. Nunca es tan intenso, no lo suficiente como para permanecer
ni nosotros tan tontos como para creer por más de un corto tiempo de duración,
en la intensidad voluntaria a la que nos sometemos.

martes, 16 de octubre de 2012

Pàjaros con alas.

Con las alas de los pájaros,
fuertes hasta que se rompen,
tan bohemias hasta que se despluman,
tan potentes mientras vuelan,
tan amantes mientras formen parte de.